El tiempo que tendremos para informar será sólo cinco minutos, quince o incluso dos horas en algunos casos. El informe en sede penal viene a ser la guinda del pastel de los más de dos años de media que tardamos en celebrar un juicio, desde que comenzó su instrucción hasta que llegamos al tan deseado día de las sesiones del juicio oral.

El informe se concibe tal y como dice la Ley de Enjuiciamiento Criminal, como la valoración oral de la prueba practicada, pero en la realidad es algo m¡ás que eso, se trata del último Sprint a nuestro trabajo. Es la última oportunidad para ser escuchados por el cliente, y lo más importante, por el juez. Por lo tanto, puede que esos minutos finales sean nuestra última oportunidad para hacer justicia.

Aunque cada maestrillo tiene su librillo, aquí­ van algunos consejos para el informe:

1.- La preparación: el mejor amigo del fracaso es la improvisación. Si queremos fracasar es fácil, improvisa. Para hacer un buen juicio, y por ende un excelente informe final, tendremos previamente que habernos leí­do la causa y sabernosla como el padre nuestro.

En caso de que tratéis con procedimientos abultados, un consejo que me dio un reconocido Fiscal para preparar el juicio consistía en separar los folios que contení­an la prueba y llevarlos aparte en una carpeta, con el fin de que en el juicio la tuviéramos controlada. Esto es, declaraciones, testificales, periciales, atestados policiales, etc. De este modo, de un proceso con varios tomos, podríamos ir al juicio con una simple carpeta.

Dí­as previos al juicio, es aconsejable (dependiendo de si somos defensa o acusación) preparar un folio que contenga la prueba de cargo y de descargo que nos sirva para detallar lo ocurrido. Es decir, si por ejemplo intentamos reconstruir un accidente, debemos apuntar los testigos y las periciales que nos son favorables y las que no, y enumerarlas, con el fin de que cuando lleguemos al informe valoremos la prueba una por una para así­ ilustrar al juez de manera clara y concisa.

Para ello, en el ejemplo habrí­a que decir cuál fue la causa que originó el accidente en función de que testigos lo han dicho y que pericial lo ha corroborado. Por ello, serí­a idóneo, escribir el alegato final previamente al juicio e intentar prever la prueba que se va a practicar, además de repetirlo en voz alta las veces que sea necesario, para que el día del juicio estemos ya familiarizados con las conclusiones. Ya en sus tiempos decí­a Churchill, “por cada diez minutos de discurso son necesarios dos horas de preparación”.